https://repuve.app/jalisco/
https://consulta.org.mx/repuve/
https://autoreporte.com.mx/repuve/
https://repuvelogin.com/consulta-ciudadana/
A primera vista, la poesía y los autos pueden parecer dos mundos muy distintos. Por un lado, la poesía: etérea, subjetiva, profundamente humana. Por el otro, los carros: máquinas de metal, velocidad, potencia y precisión. Pero cuando uno los mira más de cerca, descubre que ambos comparten un lenguaje común: el del deseo, el movimiento y la emoción. En el rugido de un motor, en la brisa entrando por la ventana a 100 kilómetros por hora, en la espera en un semáforo bajo la lluvia… también hay poesía.
Para los verdaderos apasionados del volante, un auto no es solo un medio de transporte. Es una extensión del alma, una forma de explorar el mundo, un refugio, incluso un compañero de vida. Y para quienes sienten así, la poesía puede convertirse en el medio perfecto para poner en palabras lo que se vive entre curvas y rectas, entre luces y sombras, entre el asfalto y el pensamiento.
El auto como símbolo
Desde tiempos antiguos, la poesía ha tomado prestadas imágenes del entorno para expresar emociones. En la era moderna, el automóvil ha sustituido al caballo como símbolo de libertad, deseo, velocidad y, a veces, soledad. Autores de todo tipo han encontrado en los coches una forma de hablar del amor, del tiempo, de la nostalgia y del futuro.
Un poema que hable de un viaje en carretera puede no tratar únicamente del paisaje, sino también del paso del tiempo, de una despedida, del inicio de algo nuevo. El auto se convierte en metáfora: de la vida que avanza, de los caminos que elegimos, del ruido que queremos dejar atrás.
Poetas que tomaron el volante
Aunque no sea un género literario ampliamente conocido, existen autores que han fusionado autos y poesía de forma brillante. Jack Kerouac, por ejemplo, aunque más famoso por su prosa, escribió versos inspirados en la carretera. En el mundo hispano, escritores como Mario Benedetti y Juan Gelman usaron imágenes de tránsito, movimiento y máquinas para construir metáforas cargadas de sentido.
Incluso en la poesía urbana y el spoken word, donde la experiencia cotidiana cobra protagonismo, el auto aparece como escenario íntimo: el lugar donde se escuchan canciones, se tienen charlas importantes o se guarda silencio con alguien al lado.
Poesía escrita desde el asiento del conductor
No hace falta ser un poeta publicado para encontrar belleza en el acto de conducir. Muchos aficionados a los autos escriben sus propios versos: pequeños textos que hablan de su primer coche, de viajes inolvidables, del placer de manejar de noche por una carretera vacía o del sonido de su motor favorito. Son textos que nacen desde la emoción pura, sin reglas estrictas ni intención de reconocimiento.
Un ejemplo sencillo:
Tu motor me habla,
cuando todo el mundo calla.
En tu curva encuentro paz,
y en tu espejo, lo que fui.
Este tipo de poesía, que puede escribirse en servilletas de gasolineras o en notas del celular, tiene algo que muchas obras literarias envidiarían: autenticidad. Es poesía vivida, no estudiada.
El auto como escenario poético
Además de ser símbolo, el coche también puede ser escenario. ¿Cuántos momentos importantes han ocurrido dentro de un auto? Declaraciones de amor, peleas, despedidas, reflexiones silenciosas bajo la lluvia o risas interminables en medio del tráfico. Todos esos instantes caben en un poema.
De hecho, muchas personas encuentran en el coche un espacio para la introspección. En esos trayectos en solitario, con música de fondo o simplemente el sonido del motor, es común que surjan ideas, emociones o recuerdos. Es un lugar móvil pero íntimo. Y ese contraste —entre lo que se mueve y lo que permanece dentro— es pura materia poética.
El auto, la música y los versos
No se puede hablar de poesía y coches sin mencionar la música. Muchas canciones que escuchamos al conducir tienen estructura poética: metáforas, rimas, ritmo. Hay algo en el movimiento del auto que hace que la música (y los versos) se sientan más intensos. Canciones como «Drive» de Incubus, «Carreteras mojadas» de Joaquín Sabina o “Fast Car” de Tracy Chapman mezclan sonidos con imágenes literarias, creando escenas que podrían estar en cualquier antología poética.
Para muchos, las letras de esas canciones se convierten en parte del paisaje emocional de cada viaje. Y ahí, entre acordes y kilómetros, la poesía toma el volante.
Poesía en tiempos modernos
Hoy en día, con redes sociales como Instagram o TikTok, ha surgido una nueva generación de poetas que combinan su amor por los autos con la palabra escrita. Publican fotos de sus carros junto a versos breves, o graban clips donde mezclan imágenes de manejo con narraciones poéticas. El resultado es una fusión moderna entre arte visual, sonido y texto.
Y aunque algunos puedan pensar que la poesía debe quedarse en los libros, lo cierto es que siempre ha estado donde hay pasión. Y pocas pasiones mueven tanto como la de los autos.
En resumen
La poesía y los autos no están tan lejos como parece. Ambos despiertan emociones intensas, ambos nos hacen mirar hacia dentro mientras avanzamos hacia afuera. Para los amantes del volante, los versos pueden ser una forma de inmortalizar lo que sienten cada vez que giran la llave y el motor arranca.
Así que la próxima vez que tomes el volante, abre también tu mente. Porque entre el rugido del motor y la curva perfecta, puede nacer un poema que nadie más ha escrito, pero que solo tú puedes sentir.
